ORIGEN DEL SANTUARIO
"En el principio no hubo azar, sino una voluntad que soñó un mundo inacabado."
Origen de Santuario de los Antiguos
Santuario de los Antiguos no nació como lo hacen los mundos corrientes, ni fue el resultado de fuerzas ciegas o del azar. Su origen se remonta a una entidad enigmática, una presencia cuya naturaleza jamás llegó a comprenderse del todo. Carecía de nombre y forma definida, pero poseía una voluntad creadora que dio lugar a los primeros cimientos de la realidad: fragmentos de tierra suspendidos en la nada, corrientes de agua sin cauce, aire en constante agitación y un cielo aún incompleto cubierto de nubes. Se trataba de un mundo en estado embrionario: inacabado, pero lleno de posibilidades.
Antes de desaparecer (o quizá trascender), esta entidad dejó tras de sí algo más que un entorno: creó a los primeros habitantes. Eran seres de apariencia pequeña, pero con un poder que excedía cualquier lógica natural. Su propósito, aunque nunca explicitado, era claro: continuar la obra de su creador.
Los Antiguos y la Creación de las Razas
En un inicio, estos seres carecían de identidad. No tenían nombre porque no existía nada con lo que compararse. Sin embargo, al tomar conciencia de su existencia, se reconocieron como los primeros y adoptaron el título que marcaría la historia: los Antiguos.
Su labor no se limitó a moldear el entorno. Pronto comprendieron que un mundo sin vida carecía de sentido, por lo que comenzaron a crear. Cada uno poseía habilidades similares, aunque con matices propios. Entre sus dones más notables se encontraba la capacidad de observar otros universos, aprender de ellos y comprender sus estructuras.
Gracias a este conocimiento, dieron forma a las primeras razas: las razas primigenias. Estas no surgieron de manera natural, sino mediante la magia de los Antiguos. Fueron diseñadas deliberadamente, reflejando en mayor o menor medida la visión de sus creadores. Durante un tiempo, el desarrollo del mundo avanzó con aparente armonía.
La Alteración del Equilibrio
Con el tiempo, surgió un problema inesperado: el desarrollo de las razas no seguía el mismo ritmo que el de sus creadores. Los mortales evolucionaban lentamente, con una parsimonia que desesperaba a los Antiguos.
Ante esta situación, tomaron una decisión que cambiaría el destino del mundo. Alteraron la esencia misma de sus creaciones, acelerando su crecimiento, evolución y capacidad de adaptación. En un primer momento, la medida pareció efectiva. Sin embargo, el precio fue devastador.
Las razas comenzaron a vivir menos, a desgastarse con rapidez. Además, surgieron efectos imprevistos: mutaciones, inestabilidad y comportamientos erráticos. Aparecieron criaturas que escapaban al control incluso de sus propios creadores. Así surgieron las primeras rebeliones y conflictos, marcando el inicio de una fractura irreversible.
Fragmentación y Conflicto
Con el paso del tiempo, las razas no solo se expandieron, sino que comenzaron a mezclarse entre sí. Los mestizajes dieron lugar a nuevas formas de vida, algunas fascinantes y otras profundamente perturbadoras. Esto incrementó la tensión entre los Antiguos, quienes observaban cómo sus creaciones escapaban tanto a su control como a su intención original.
Lo que comenzó como una diferencia de criterios evolucionó hacia algo más oscuro. Algunos Antiguos decidieron aprovechar el caos, moldeándolo en su beneficio. Conceptos como ambición, supremacía y dominación comenzaron a definir sus acciones. Los demás, obligados por las circunstancias, respondieron de la misma manera. No por convicción, sino por necesidad. Así dio inicio una carrera silenciosa e implacable hacia el poder.
La Guerra de los Antiguos
Con el tiempo, los Antiguos dejaron de ser creadores para convertirse en señores de la guerra. Utilizaron a sus propias razas como herramientas en conflictos que habían perdido todo propósito claro. Santuario dejó de ser un refugio, y su idea original quedó sepultada bajo siglos de violencia, codicia y enfrentamientos constantes. Como consecuencia, los más perjudicados fueron siempre los mortales.
La Aparición de Azrael
En el punto más bajo de la historia del mundo, surgió algo distinto. No fue creado con intención ni diseñado con propósito. Según se cuenta, nació del propio sufrimiento del mundo: de la desesperación acumulada y del deseo colectivo de poner fin a la decadencia.
Así apareció Azrael. Era el último de los Antiguos, pero también el más diferente. Donde otros imponían, él buscaba equilibrio. Donde otros dominaban, él intentaba comprender. Se enfrentó a sus iguales no por ambición, sino por la necesidad de reparar lo que había sido destruido. Sin embargo, el mundo ya estaba profundamente corrompido.
El Sacrificio y la Vicisitud
Azrael intentó restaurar el orden mediante el diálogo y la mediación, pero fracasó repetidamente. Finalmente, se vio arrastrado a la misma violencia que intentaba erradicar. Luchó, mató, murió y volvió.
Azrael no podía morir de forma definitiva. Su existencia estaba ligada a un principio fundamental: la vicisitud, la magia primigenia encargada de mantener el equilibrio entre fuerzas opuestas. Mientras ese equilibrio necesitara ser restaurado, él seguiría regresando.
Se convirtió en un mártir, no por elección, sino por consecuencia. Acabó con sus iguales uno a uno. Solo dos sobrevivieron, no por perdón, sino porque ni siquiera él pudo destruirlos. En su lugar, los sometió mediante la vicisitud.
Consecuencias y Reconstrucción
El poder de Azrael tenía un precio. Todo aquello que destruía o contenía, como la violencia, la corrupción y la ambición, no desaparecía, sino que permanecía en él. Con el tiempo, esto comenzó a transformarlo.
A pesar de ello, continuó su labor. Reconstruyó lo que pudo y restauró las razas, otorgándoles identidad y un lugar donde coexistir. Sin embargo, no todas pudieron ser salvadas. Aquellas demasiado alteradas fueron exiliadas, no como castigo, sino como medida de protección. Durante generaciones, el mundo comenzó a sanar lentamente, aunque de forma imperfecta.
La Grieta
Con el tiempo, surgió una nueva amenaza: la grieta. Se cree que fue creada por los exiliados, seres deformados que intentaron escapar de su destino abriendo un camino hacia otros mundos. Lo lograron, pero no como esperaban.
El resultado fue una disformidad: un vórtice inestable que no obedecía las leyes del mundo y que solo permitía la entrada. Aquellos que intentaron cruzarla fueron aniquilados, pero la grieta permaneció abierta.
Desde entonces, comenzaron a llegar criaturas imposibles, objetos de otros mundos y fragmentos de realidades ajenas. Cada aparición alteraba el equilibrio, introduciendo nuevas amenazas y también nuevas oportunidades.